sábado, 12 de agosto de 2017

Zero

               El mundo te dejó con unas expectativas que te atragantaban hasta que no podías respirar. Se te hacían bola, y no tomabas aire. Abrías la boca en una mueca entre horrorizada y sorprendida. Después intentabas tragar saliva sin conseguirlo. Aprendiste a vivir sin oxígeno; con la angustia campando a sus anchas. Las noches para ti eran eternas: en la penumbra los problemas se paseaban. Te gritaban lo inútil que eras y cómo te habías echado a perder. Como si fueras comida que ya no se podía digerir. Moscas; estabas llena de moscas. Y de moho. Te quedaste dentro de un tupper, al fondo de la nevera, hasta agriar.

               Las personas, que eran prescindibles. Había algunos errores que costaba la vida entera subsanar. Había gente que no tenía segundas oportunidades. Tenían moho, moscas y el estúpido tupper con olor a agrio. Entiéndelo, joder. Eres prescindible. No eres única y especial, sino prescindible. El mundo no se construyó para ti; fuiste tú la arcilla a manos del mundo. El día de mañana, cuando te despiertes con la amargura de que tu talento es insignificante, recordarás mis palabras. No hay solución para ti, porque nunca tuviste remedio. Débil, inconstante y tonta. Insegura; arropada en una endeble burbuja. Qué explotó. Te dejó hecha trizas, la maldita burbuja. Enfermaste con el desengaño; el peor cáncer que podías tener.

               Princesa, aprende a vivir con la bola atorada en la garganta. Aprende a sobrevivir con tu moho y tus moscas. Qué te dé igual estar en un tupper, al fondo del frigorífico. No naciste para ser excepcional. Eres un número, ¿entiendes? Si lo asumes, pronto te dejarás de herir. Anteponte a la desidia, por favor. Solo encuentra en tus aficiones un punto de salida. Sueña, qué es lo único que te queda. Cerrar los ojos para escapar de la cruda realidad.

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